| Naciones en el Infortunio |
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| Escrito por Olmo Guerrero Martínez | ||||
| lunes, 25 de enero de 2010 | ||||
![]() Foto: Fidel Herrera Beltrán El presidente mexicano demostró que siempre es más sencillo ser dadivoso con los bienes ajenos. Mediante una donación de ocho millones de dólares del erario público, nuestro gobernante prefirió alimentar al hambriento extranjero, ignorando así el grito de miseria de los millones de mexicanos que padecen de pobreza extrema. El particular siempre podrá decidir el destino de su ayuda, el presidente por su parte, solamente debe auxiliar al extranjero una vez que su país no lo necesite. Esta realidad haitiana es lección y profecía para México. Un país en el que un simple catarrito es capaz de provocar una de las peores crisis económicas en la historia mexicana, obviamente no está preparada para reaccionar ante un desastre de esta magnitud. Las ventajas estructurales o programáticas que nuestro país carecía en el 85, aminorarían los efectos del desastre, empero, la clase pobre sería nuevamente la más afectada. Una nueva exacerbación de la brecha diferencial entre pobres y ricos, terminaría por ubicar definitivamente a México como un estado fallido. Las dos principales cadenas televisivas han tratado el tema con simplicidad. Un suceso internacional es utilizado como una buena oportunidad de ignorar aún más nuestra lacerante situación económica y social. Olvidan que la exposición de problemas ajenos no genera nunca la desaparición de los propios. Las dos cadenas televisoras tiene la obligación de recordar que la diferencia entre México y Haití es de grado y no de esencia. Todos nosotros tenemos la obligación de reconocer que el rumbo nacional tiene como destino el fracaso, que la necesidad de cambio es latente e inaplazable. Esta nueva tragedia en Haití demuestra que la imagen impulsa a la ayuda fraternal como ningún otro medio. ¿Por qué tanta gente ha dado muestras de solidaridad? Por la sencilla razón que el efecto emocional que la imagen produce es directo y sencillo de asimilar. La frialdad de las letras amén de requerir un esfuerzo intelectual del destinatario, muchas veces producen la sensación de tratarse de sucesos lejanos. Parte de nuestra responsabilidad consiste en difundir así el innegable paralelismo de estas dos naciones. Exhibir la pobreza de nuestro país, desenmascarar los falsos logros políticos, difundir la realidad de hambre y muerte, utilizar la imagen como reflejo de la realidad. Es necesario aprovechar nuestras debilidades sociales, como lo es la dependencia televisiva, en catalizadores del cambio urgente. La grandeza de México no sólo lo requiere, sino que lo exige. Cite este artículo en su sitio
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| Modificado el ( miércoles, 27 de enero de 2010 ) | ||||
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